Redacción / Inversión Turística
El 21 de noviembre, la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) instó a las aerolíneas a «extremar precauciones» al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe, ante lo que consideraba «una situación potencialmente peligrosa en la región».
La advertencia provocó que 8 aerolíneas internacionales suspendieran sus vuelos al país caribeño, lo que fue respondido por las autoridades venezolanas con la anulación de los derechos de tráfico aéreo a seis de esas compañías.
Pero la situación no quedó allí: el sábado, el presidente Donald Trump anunció que debía considerarse el espacio aéreo «sobre» y «alrededor» de Venezuela cerrado «por completo».
En este contexto, la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) reiteró que la seguridad es y seguirá siendo la principal prioridad de la aviación. Por ello, las aerolíneas deben mantener la libertad de evaluar de manera individual los riesgos, incluidas las clausuras de espacio aéreo, protegiendo la seguridad de los pasajeros y la tripulación.
Esto es aún más importante en escenarios donde se han emitido alertas o se han planteado inquietudes específicas. En estos casos, las aerolíneas actuarán conforme a los marcos regulatorios vigentes cuando sea necesario suspender o cancelar operaciones.
Las aerolíneas han manifestado públicamente su disposición a reanudar los servicios hacia Venezuela tan pronto como existan las condiciones necesarias para hacerlo de manera segura y eficiente, señaló la IATA en un comunicado.
IATA instó a los gobiernos y a las partes interesadas a respetar la responsabilidad de las aerolíneas de tomar decisiones basadas en la seguridad, reforzando el principio de que, aunque los cielos deben permanecer abiertos, la seguridad y el cumplimiento legal deben prevalecer siempre.
